Propaganda en México: convenciendo a la población de trabajar con el “enemigo”

Benjamín Contreras

¿Qué tan efectiva fue la propaganda mexicana de la Segunda Guerra Mundial para convencer a la población de trabajar con Estados Unidos? Es difícil medir la efectividad de recepción de cualquier campaña publicitaria histórica. Sin embargo, utilizando las diferencias en su construcción a lo largo de la guerra, sabemos que fue efectiva hasta el punto de conseguir apoyo de la población, pero jamás logró conciliar el estar aliado con Estados Unidos, rechazando su posicionamiento como líder en América al mismo tiempo. Un gran efecto de la propaganda mexicana fue conseguir el apoyo suficiente para crear el cimiento de lo que sería el régimen priista el resto del siglo: desde el modelo económico, hasta sus bases de construcción nacionalista.

Llamamos propaganda a toda información, verdadera o falsa, cuyo framing ha sido manipulado para producir un efecto deseado en los receptores, generalmente lealtad (Van De Water, 1938; Chomsky & Herman en Herman, 2000 y en Robinson, 2018; Rankin, 2009).  Adicionalmente, esta propaganda suele ser difundida cuando concuerda con los intereses de alguna élite (Herman, 2000), ya sea económica o política. La gran problemática de los estudios de propaganda es estudiar la recepción de esta, por lo que muchos estudios se enfocan en los cambios en la construcción a lo largo de un periodo como proxy de la recepción (Rankin, 2009).

En México hay muchos ejemplos de propaganda, especialmente a lo largo del siglo XX. Sin embargo, es de particular interés para nosotros la propaganda de México durante la Segunda Guerra Mundial, puesto que su enfoque no era solo convencer a los mexicanos de que el Eje era un enemigo, sino de que Estados Unidos era un aliado. El enfoque de esta propaganda no se limitó solo a los esfuerzos de guerra, incluía (en diferentes grados) producción económica, política democrática e identidad nacional (Rankin, 2009), al punto que los 40 es considerada la década en que se establecieron las bases el proyecto de cultura nacional que sería establecido por gobiernos posteriores. 

Rankin (2009) divide la propaganda en México en tres períodos: 1933-1941, que es la reacción de México al mundo movilizándose para la guerra. Aunque el gobierno no comienza a participar como propagandista sino hasta 1939, varios grupos de interés crearon propaganda como reacción a los eventos internacionales. La segunda, 1941-1943, que lidia con México y su rol en la guerra. Comienza tras el ataque a Pearl Harbor, enfocándose primero en acercar a México a los Aliados y, después, en redefinir el legado de la Revolución como uno de democracia y libertad. En este periodo, Rankin también examina los esfuerzos de propagandistas estadounidenses por exportar el “American Dream”, junto con el anhelo de ser clase media, a la población mexicana. Finalmente, 1944-1945, haciendo preparativos para el fin de la guerra, donde Rankin encuentra una convergencia entre la propaganda mexicana y la propaganda estadounidense: la promoción del “estilo de vida americano”. El gobierno de México, argumenta Rankin, aprovechó la popularidad de ese deseo para promover la industrialización y establecer barreras económicas bajo el modelo ISI.

La labor del gobierno no era fácil, dada la polarización ideológica que generaron las reformas de Cárdenas en los 30, polarización que fue acrecentada por la Guerra Civil Española. La periodista Betty Kirk (citada en Rankin 2009), en su artículo “Fragment of a Larger Mosaic” de 1942, incluso afirmó que la fragmentación en México era como una miniatura del mundo durante los 30. Por un lado, tenías a una influyente comunidad alemana, junto a los sinarquistas. Por otro lado, al movimiento Lombardista, junto al resto de la izquierda mexicana. Como consecuencia de esto, la mayoría de la propaganda en México estuvo coordinada por grupos no gubernamentales durante este periodo.

Sin embargo, el gobierno de México logró encontrar una solución creativa, aunque imperfecta, a la polarización: democracia tutelada como válvula de escape. El gran enfoque de la propaganda mexicana era poner la Revolución en una posición pro-democrática y anti-totalitaria (Rankin, 2009), cambiando el marco de los ideales de la Revolución (justicia social y democracia) por algo más cercano, aunque no del todo incompatible, a los ideales occidentales (democracia liberal). Lo que implica que esto también puede verse como el inicio de la preocupación del régimen priista por parecer una democracia verdadera. 

Adicionalmente, parte del enfoque de la propaganda era hacer equivalente la industrialización con patriotismo (Rankin, 2009). De este modo, el gobierno de Ávila Camacho lleva a cabo una industrialización de la economía del país y, además, estas industrias estarían protegidas por el gobierno (bienvenidos a ISI 1).  Pero es importante considerar que el gobierno mexicano no era el único creando propaganda en México durante la Segunda Guerra (Rankin, 2009). Algunos países que intervinieron con su propia propaganda en México son: Alemania (aunque su propaganda fue combatida por la izquierda mexicana, especialmente después de la invasión alemana a la Unión Soviética), Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Para 1942, Estados Unidos controlaba la mayoría de la propaganda extranjera que llegaba a México (Rankin, 2009), esto después de presionar al gobierno de México para censurar toda la propaganda fascista después de Pearl Harbor. El enfoque de los Estados Unidos estaba en construir cooperación, una relación económica más grande entre México y Estados Unidos, con Estados Unidos como la parte dominante.

Rankin (2009) mide la recepción de la propaganda estadounidense con el cambio en la propaganda mexicana, es decir, mediante la reacción propagandística del gobierno de México. Esta se hizo aún más nacionalista, incluso si aún mostraba la necesidad de trabajar junto con Estados Unidos para vencer al Eje. Esto, tomando el supuesto de la construcción propagandística como proxy de la recepción, implica un rechazo de la población al intento estadounidense de establecerse como el líder de América en el consciente colectivo. Esto implica un conflicto, que es de esperarse dada nuestra historia, en consolidar una alianza con Estados Unidos y rechazar a Estados Unidos como Hegemón. 

Para el último periodo de la guerra, la misión propagandística era impulsar la idea de lo que viene después de la victoria. Ya se había instaurado la idea de la Revolución como defensora de la libertad y la democracia en el mundo, además de haber establecido la industrialización como una base nacional. El paso siguiente era lógico: la protección de la industria nacional y la consolidación de la mexicanidad (Rankin, 2009). Este esfuerzo fue realizado, en parte, por el deseo de las élites mexicanas de no permitir la entrada total de los Estados Unidos al mercado mexicano. Acorde a Rankin, el reto más grande de este periodo sería convencer a la población de que no necesitaban los artículos de lujo estadounidenses. Aunque el gobierno mexicano logró, en efecto, establecer un modelo proteccionista, los mercados como Tepito nos demuestran que no lograron convencerles sobre los artículos de lujo.

Es claro que medir la efectividad de una campaña propagandística es difícil, especialmente si el análisis es histórico. Sin embargo, gracias al análisis de Rankin, podemos saber cómo cambió la opinión pública respecto a la propaganda por los cambios en su construcción de la propaganda. Usando eso como proxy, podemos saber que hay un par de resultados claros de la propaganda mexicana: se consiguió apoyo suficiente para cooperar con Estados Unidos y los Aliados durante la guerra, pero los intentos propagandísticos de Estados Unidos para establecerse como líder en la relación México-Estados Unidos llevaron a un rechazo que nunca logró consolidarse con la alianza. Adicionalmente, sabemos que es desde la propaganda de la Segunda Guerra que México comienza a construir las bases de apoyo del modelo, económico y político, priista del resto del siglo.

Referencias

  1. Herman, Edward S. “The Propaganda Model: a retrospective”. Journalism Studies, volume 1, no. 1 (2000): 101-112. DOI: 10.1080/146167000361195
  2. Van De Water, Marjorie. “Propaganda.” The Science News-Letter34, no. 15 (1938): 234-35. doi:10.2307/3914714.
  3. RANKIN, MONICA A. Mexico, La Patria: Propaganda and Production during World War II. LINCOLN; LONDON: University of Nebraska Press, 2009. http://www.jstor.org/stable/j.ctt1dgn4tg.

Robinson, Piers. “Does the Propaganda Model Actually Theorise Propaganda?” In THE PROPAGANDA MODEL TODAY: Filtering Perception and Awareness, edited by Pedro-Carañana Joan, Broudy Daniel, and Klaehn Jeffery, 53-68. London: University of Westminster Press, 2018. http://www.jstor.org/stable/j.ctv7h0ts6.7.

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