Un espíritu que subsiste: los rezagos de la esclavitud

Aranza G. Icaza García

“Es la música de un pueblo infeliz, de los hijos de la decepción” (Du Bois, 2019, 288).1 Es con esta frase que el autor describe la música de apertura para cada capítulo de su obra, reflejo de la muerte, el sufrimiento y el anhelo por un cambio que se encuentran impresos en cada frase de su relato.

William Edward Burghardt Du Bois, sociólogo e historiador estadounidense, vivió de primera mano y desde la infancia la experiencia de ser un hombre negro tras el fin del sistema esclavista en los Estados Unidos. En su obra, busca relatar las dolorosas y complejas vivencias que debieron enfrentar los afrodescendientes tras la esperada ratificación de la Decimotercera Enmienda constitucional; retrata con detalle la experiencia de ser americano y negro a la vez (p. 14), almas que permanecen en lucha interna irreconciliable por la herencia que dejó el sistema esclavista en el espíritu de la comunidad negra y en la propia esencia de la nación. Du Bois asegura, como cierre a su texto, tener la intención de que sus palabras resuenen en quienes han perpetrado el sistema de explotación y marginación de la comunidad afrodescendiente en Estados Unidos, particularmente en los estados del sur (p. 301). De igual forma, su obra busca formar lazos de verdadera hermandad entre los seres humanos a través de la propia racionalidad.

El autor estructuró su relato a partir de una reflexión inicial sobre el texto, catorce capítulos que ahondan en lo que él denomina el “problema de la línea de color” y una reflexión de cierre en que expresa sus intenciones finales. La obra, publicada en 1903, inicia con un intento de demostrar lo que significó para el pueblo estadounidense el proceso de Emancipación; a esto le sigue una vasta descripción de las dificultades que debe enfrentar la comunidad negra, junto a un bosquejo de su espíritu, su religiosidad y la pasión escondida en su dolor (p. 10).

Desde su infancia, Du Bois reconoce la brecha que lo separa irreparablemente de los estadounidenses de piel blanca (p. 13). Es consciente de la contienda que tiene lugar en su alma, al ser al mismo tiempo estadounidense y afrodescendiente, similar a la disyuntiva que experimentan los artistas entre la creación de una obra que refleje su espíritu y de un trabajo que el resto de la sociedad esté dispuesta a aceptar (p. 16). A inicios del siglo XX, la comunidad negra ya había, en teoría, alcanzado la tan ansiada libertad, después de décadas de esclavitud y explotación. Se percibía al sistema esclavista como “la suma de todas las villanías, la causa de todos los dolores, la raíz de todos los prejuicios” (Du Bois 2019, 16); sin embargo, la libertad no resultó lo esperado, y la población negra se quedó a la espera de su tan ansiada posibilidad de amar, trabajar, pensar y vivir sin limitante alguna (p. 22). Por años tuvieron que exigir el reconocimiento de sus derechos y luchar por participar en una labor de carácter libre y justo (p. 36) que jamás llegó, a la vez que buscaban asegurar su subsistencia por sobre los rezagos de la guerra.

Los afrodescendientes pasaron tras la guerra por un periodo de renacimiento (p. 34), entre amos que aún luchaban por mantener sus cadenas (p. 41) y una férrea oposición a que accedieran a servicios de carácter fundamental como la educación, por percibir la posibilidad como riesgosa para sus intereses (p. 45). El autor enfatiza la relevancia de la instrucción entre la comunidad negra, capaz de imprimir en ella ideales y aspiraciones más elevadas que pudieran, con el tiempo, materializarse como parte de su realidad (p. 70). No perdió oportunidad de reconocer sus avances y desarrollo, pero aseguró que su esfuerzo requería de la guía e impulso de un grupo más rico y sabio para prosperar a largo plazo (p. 73).

En sus relatos, resulta evidente el contraste entre quienes aún se encontraban marcados por los recuerdos de la esclavitud y la extrema marginación precedente. Según sus palabras, entre los más jóvenes había algunos para quienes la guerra y la esclavitud no eran más que “cuentos de infancia” (p. 85). No obstante, la realidad que estaba en proceso de gestación no había logrado quebrar del todo sus vínculos con el anterior sistema de infernal explotación. Ante la precariedad y miseria que siguió al periodo de crisis económica, los hombres de raza negra se olvidaron de trabajar “no para ganar carne, sino para conocer el fin y objeto de esa vida que la carne nutre” (Du Bois 2019, 100). La sociedad a nivel general perseguía incansablemente el dinero y los bienes materiales, olvidando sus ideales puros e inspiradores a cambio de cualquier “manzana de oro”.

Los afrodescendientes difícilmente podrían reclamar la libertad que antaño se les prometió, pues aún no estaban seguros de su derecho a reclamarla (p. 109). Aunque la industria esclavista hubiera cesado en la teoría, el sistema laboral que describe Du Bois aún percibía al ser humano como nada más que un recurso material (p. 117); los estados del sur son descritos en su mayoría como carentes de verdadera belleza y ricos en abandono (p. 142), llenos de historias jamás contadas y de un legado ensombrecido por la tragedia (p. 145). En palabras del autor, “en todo eso había algo sórdido, algo forzado, cierto malestar febril y temeridad; ¿no fue todo este espectáculo y oropel construido sobre un gemido?” (Du Bois 2019, 146). A pesar de reconocer que el “problema negro” consistía en la fácil transición de ignorancia descuidada a odio feroz (p. 152), también aseguró que poco sabemos de su vida y anhelos cotidianos, de sus alegrías y penas (p. 160). Los propios afrodescendientes ignoraban gran parte del mundo que les rodeaba, de su organización y sus posibilidades (p, 167), pues la libertad les había sido dada sin acompañarse de guía, tierra ni protección alguna (p. 194).

La obra de Du Bois me parece fascinante por un sinfín de motivos. Además de presentar un crudo reflejo de lo que enfrentaron millones de estadounidenses tras la Emancipación con gran sensibilidad y absoluta precisión, relata los numerosos orígenes de males que aún acechan a la sociedad estadounidense. La prioridad que se otorga a la codicia e imprudencia por encima de la nobleza y la bondad (p. 190), la presencia de exterminio y libertinaje que siempre se presenta en los intentos de trasladar la “civilización” sin apegarse a la legalidad (p. 189) y el hecho de que el color y no el crimen definan la condena de cualquier hombre (p. 206) son eventos que incluso en la actualidad han llevado a la polarización y fragmentación de la sociedad estadounidense, a la marginación de unos pocos y a los elevados índices de desigualdad presentes en el país de la igualdad y la democracia. Mi única crítica surge en torno a su forma de abordar las vivencias de los individuos, fuertemente descriptivas pero con un tono que tiende a lo impersonal; a mi parecer, esto dificulta en ocasiones seguir el hilo de la narración y obstaculiza la intención del propio autor de apelar al sentido de humanidad de sus lectores.

Los relatos que componen The Souls of Black Folk permanecen tan relevantes como lo fueron al momento de su publicación por la vigencia de sus premisas y porque seguimos como sociedad en busca de esa realidad ideal en que los hombres juzguen a los hombres por su alma y no por su piel.

Notas:
1. Todas las traducciones en este texto son de autoría propia.

Bibliografía
Du Bois, William Edward Burghardt. 2019. The Souls of Black Folk. Nueva York: Gildan Media LLC.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s