El error es no votar

Alfonso Caso

Con la revocación de mandato, López Obrador volvió acorralar a la oposición en una situación complicada: ¿votar o no votar? En el contexto actual, la primera opción parece ingenua. Todo opositor sano de su juicio sabe que es imposible que el presidente pierda en la revocación de mandato. Después de un par de semanas difíciles por el escándalo de la “Casa Gris”, su aprobación se encuentra en 61%.[1] Además, es improbable que la participación alcance el 40% requerido para que su resultado sea vinculante. Algunos sectores de la oposición han aportado una razón adicional; según estos, votar es caer en la trampa del presidente. Sostienen que la revocación de mandato se ha convertido “en un acto propagandístico para aclamar al líder del pueblo.”[2] Aunque respetable, difiero de esta postura. Estoy convencido que, como opositores, pero principalmente como demócratas, debemos salir a votar.

En primer lugar, a diferencia de otras consultas realizadas fuera del marco legal —como la del avión presidencial— la revocación de mandato es un ejercicio legítimo. Los críticos se equivocan al sostener que esta ha sido impulsada exclusivamente por el presidente. Al ser una reforma constitucional, el proceso de revocación fue aprobado por más de dos tercios de ambas cámaras del Congreso y obtuvo el visto bueno de más de la mitad de las legislaturas estatales. Además, para iniciar este proceso se requirió de más de 3 millones de firmas ciudadanas revisadas por el árbitro de la contienda, el Instituto Nacional Electoral. Y, aunque es verdad que la mayoría de sus impulsores son simpatizantes del presidente, es un error pensar que el derecho a llamar a la revocación es un derecho exclusivo de opositores. Llamar a la revocación es un derecho de todos los ciudadanos.

En segundo lugar, la revocación de mandato es un ejercicio democrático. Aunque algunos columnistas insisten en que la revocación es “una fiesta de los porristas del presidente”,[3] la realidad es que la revocación es un ejercicio de democracia participativa directa donde se le pregunta a los ciudadanos si han perdido o no la confianza en el presidente. El hecho de que López Obrador cuente con el apoyo mayoritario de la población, así como cualquier uso que este pretenda darle a los resultados, no desvirtúa el carácter democrático del ejercicio.

En tercer lugar, el temor de que la revocación de mandato pueda extender el gobierno de López Obrador es un delirio. La revocación de mandato solo puede tener un efecto jurídico: revocar el mandato del presidente. Cualquier otro efecto que se le intenté atribuir es falso y fruto de la paranoia de su intérprete. Es verdad que López Obrador tiene rasgos autoritarios; no obstante, la revocación de mandato —cualquiera que sea su resultado— no es un medio que le faculte extender su gobierno. Para ello, necesitaría de otros instrumentos legales.

Pero, “si vamos a perder, ¿para qué salimos a votar?” Primeramente, porque la revocación de mandato es el medio institucional más eficaz para expresar nuestro descontento con el desempeño del presidente. Es verdad que todos los medios de expresión son legítimos: las pláticas con los amigos, las columnas de periódicos y hasta la crítica en redes sociales. Sin embargo, si queremos ir más allá de nuestra caja de resonancia, debemos participar en la revocación de mandato. Ahí tendremos la oportunidad de dar a conocer nuestra opinión, incluso si no es mayoritaria, y compararla con la del resto del país. Además, dado que el único efecto posible de este ejercicio es revocarle el mandato al presidente, los opositores no tenemos nada que perder.

Debemos salir a votar porque los procesos democráticos valen por sí mismos, no por sus resultados. Votar es ratificar nuestra confianza en la democracia. En cambio, abstenerse es dar sustento a las acusaciones del presidente de que la oposición es antidemocrática. En el juego de la democracia la regla por excelencia es muy clara: el poder se gana en las urnas. Si la oposición quiere sacar a Morena, tendrá que obtener el apoyo de los votantes. Abandonar el juego es invitar a que López Obrador haga exactamente lo mismo y eso sí que es peligroso.

Salgamos a votar, no para ganar, sino porque somos demócratas. Con la democracia hay que estar en las buenas y en las malas, no solo cuando los resultados nos favorecen.


Notas:

[1] Redacción, “#AMLOTrackingPoll Aprobación de AMLO, 17 de marzo”, El Economista, 7 de abril de 2022, https://www.eleconomista.com.mx/politica/AMLOTrackingPoll-Aprobacion-de-AMLO-7-de-abril-20220407-0022.html

[2] Luis Carlos Ugalde, “Un llamado democrático a la abstención”, El Financiero, 22 de febrero de 2022,https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/luis-carlos-ugalde/2022/02/22/un-llamado-democratico-a-la-abstencion/

[3] Luis Carlos Ugalde, “Crece el engaño de la consulta de revocación”, El Financiero, 21 de marzo de 2022, https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/luis-carlos-ugalde/2022/03/15/crece-el-engano-de-la-consulta-de-revocacion/

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s