¿De qué manera el populismo amenaza a la democracia?

Gustavo Adolfo Macías Rodríguez

En tiempos recientes, hemos observado un aumento importante del populismo, no sólo en América Latina, si no, en naciones donde antes se concebía que esta doctrina política no podía florecer debido a sus supuestas afinidades a la izquierda, como los Estados Unidos. El populismo tanto de izquierda como de derecha va en ascenso en muchas democracias del mundo, esto no es sano para las democracias, al contrario, es una amenaza. Eventos como el del seis de enero del 2021 en el capitolio estadounidense son evidencia de ello; este tiene la habilidad de deshabilitar a las democracias desde adentro. El populismo es tan peligroso para la democracia debido a que ataca sus bases fundacionales, es totalmente incompatible con la democracia liberal. Así mismo, es importante comprender que el populismo no siempre es antidemocrático, sin embargo, siempre es anti pluralista, lo que pone en riesgo a las democracias solamente por ese hecho. Genera polarización, cuestionamiento y debilidad en las instituciones y divide a la población en dos bandos, lo que daña el pluralismo esencial de la democracia, así como la capacidad para el diálogo y el debate. Además, el populismo en el siglo XXI se ha vuelto peligroso no sólo por la manera en la que ataca a las bases de la democracia, si no porque impulsa a líderes de carácter autoritario para subir al poder. Por ende, el populismo se ha convertido en uno de los peligros más grandes a los que se enfrenta la democracia, si no es que el más importante. Se ha vuelto complicado de detener y se fortalece mediante otras prácticas antidemocráticas como el clientelismo. Gracias a su gran capacidad de debilitamiento democrático es un arma muy fuerte para establecer estados autoritarios y parece que el siglo XXI está lleno de evidencias de estas prácticas. Finalmente, las instituciones son la única manera de frenar el populismo y mantener la democracia intacta; el Estado depende de ellas para sobrevivir.

Primeramente, el populismo comienza atacando una de las bases más importantes de la democracia: el pluralismo. El anti pluralismo del populismo se da principalmente con la creación de un grupo dentro de la población que se señala a sí mismo como moralmente superior (lo cual en la mayoría de los casos no es verídico). Este grupo se crea mediante el discurso, donde se habla de un pueblo diferente a toda la población; se utiliza la palabra “pueblo” para separar a aquellos que siguen el movimiento de los que no. Los que no siguen el movimiento siempre son caracterizados como enemigos. Se dice que son élites corruptas y moralmente inferiores los que se oponen al movimiento; por lo tanto, los líderes populistas, si bien no los atacan directamente, los discriminan de la población por sus preferencias (Müller, 2016). Lo cual es un ataque directo a la libertad de expresión y genera odio; lo que incita a la polarización, a la discriminación y a la división de la sociedad en bandos. Esto genera conflictos dentro de la sociedad civil entre el bando que pertenece al “pueblo” y el que no.

En una democracia sana es necesario que haya contrapesos al poder, especialmente dentro de la sociedad civil y en el poder legislativo. Dentro del poder legislativo los partidos de oposición funcionan como una medida democrática de contención al poder del partido gobernante; estos evitan que puedan tomar decisiones arbitrarias y ayudan a la apertura democrática a diferentes puntos de vista, así mismo, incitan al diálogo y al debate, características esenciales de la democracia. El populismo pone en peligro a este contrapeso al poder debido a que ataca a la oposición de manera directa y no la considera como legítima; esto también sucede con los miembros de la sociedad civil que se les oponen. Cualquier tipo de oposición es deslegitimizada (Müller, 2016). Esto es una amenaza la democracia debido a que deja de haber debate y diálogo, lo que incide en una imposición política por aquellos que están en el poder. Así mismo, la oposición encuentra cada vez más dificultades en restringir el poder de los gobernantes.

Por otro lado, los populistas representan un peligro para la democracia en cuanto a la representación política. Dentro de esta lógica de deslegitimación hacia la oposición, buscan establecerse como los únicos representantes del pueblo, lo cual es peligroso por sí solo porque denota una intención de autoritarismo, así como un cierre a cualquier tipo de ideas que no vaya de acuerdo con su discurso. Irónicamente, los populistas no tienen problemas con la representación política mientras que esta respalde sus fines (Müller, 2016). Las personas que ejercen el voto a favor de los populistas caen en esta retórica debido a la débil representación política que ha asolado a las democracias en tiempos recientes, en donde los partidos políticos han perdido credibilidad y apoyo gracias a sus acciones en el pasado, lo que ha pavimentado el camino para que el electorado establezca confianza con partidos populistas. Esto prueba que la representación democrática se ha vuelto débil y no logra alcanzar a diversos sectores de la población. Lo que ocasiona que partidos populistas y antisistema tengan una mejor oportunidad de llegar al poder.

De igual forma, la retórica populista de la diferenciación de la población mediante el concepto de pueblo afecta gravemente la representación política, especialmente porque se trata de establecer que el pueblo habla con una sola voz (Müller, 2016). Esto no solo diezma a la oposición, si no que crea una imposición de ideas en la población. Discriminan a aquellos que no piensan de la misma manera que ellos y tienen la intención de convertirse en una tiranía de la mayoría. Lo anterior, debido a que la democracia liberal no logra satisfacer las necesidades de todos; por lo tanto, hay quienes piensan que debe ser impuesto que se otorgue atención a ciertos aspectos que se han olvidado (Galston, 2018). Solamente importan aquellos que son seguidores al régimen, lo que amenaza a la democracia debido a que los gobernantes deben gobernar para todos, no solo para sus seguidores. Uno de los propósitos principales de la democracia es la inclusión de minorías y establecer un gobierno que represente a la población equitativamente, lo que hace al populismo anti pluralista. El liberalismo individualista no tiene la capacidad de hacer frente a una solidaridad comunal intensamente formada por el populismo. Las masas de individuos que piensan de la misma manera encuentran un propósito común en la lucha contra las imperfecciones e injusticias de la sociedad (Galston, 2018). Por ende, el populismo lleva a que la democracia se encuentre en una situación de incapacidad para cumplir sus fundamentos principales.

Además de lo mencionado anteriormente, el populismo muestra tres características una vez que llega al gobierno: intenta secuestrar el aparato de Estado, es corrupto y hace uso de clientelismo masivo (Müller, 2016). Esto es una amenaza para la democracia debido a que el intento de secuestrar el aparato de Estado causa que las instituciones y los contrapesos al poder disminuyan el poder que tienen para evitar que el Ejecutivo tome todo el control. Así mismo, en diversas ocasiones se secuestra a las instituciones mediante la imposición de actores políticos leales al líder presidencial o se les impide su funcionamiento mediante recortes al presupuesto, lo que incide en que las instituciones no se manejen de manera correcta o que no reflejen los resultados que deberían. En esencia, es una manera de debilitar la democracia desde dentro; busca secuestrar el Estado para convertir al partido en el órgano estatal y de esa manera establecer un Estado autoritario no democrático. La corrupción incide en un peligro para la democracia debido a que debilita la confianza y la legitimidad del gobierno, lo que genera un amplio descontento en la población y la búsqueda de partidos antisistema para suplir a aquellos que están involucrados en la corrupción. El uso del clientelismo masivo ayuda a establecer un régimen autoritario por el hecho de que establece la imposibilidad de un voto distinto al partido clientelista mediante la relación de dependencia que este lleva a cabo. Esto es una manera “legal” de establecer un partido autoritario debido a que imposibilita a la ciudadanía de ejercer un voto de castigo, el cual es un contrapeso al poder.

No obstante, la democracia no es amenazada únicamente por esos factores, los partidos populistas tienden a rechazar los resultados electorales, así mismo, atacan a las instituciones con la intención de culparlas por todos los problemas que ocurren en el país, lo que al mismo tiempo lleva a la creación de partidos extremistas (Müller, 2016; Galston, 2018). No reconocer los resultados electorales quebranta las leyes fundamentales del juego democrático, así mismo, incita a una rebelión contra el sistema democrático por aquellas personas que están a favor del líder en cuestión. Esto puede poner en riesgo no solo la democracia, si no, al aparato de Estado como tal debido a que probablemente haya levantamientos; especialmente, si el líder incita a ellos, como fue el caso de Donald Trump en 2020. Adicionalmente, el ataque a las instituciones de manera verbal las debilita en cuanto a su legitimidad; los seguidores del líder populista comenzarán a ver a las instituciones como enemigas del movimiento populista, lo que creará una variedad de ataques en su contra. Así mismo, bajo esta justificación, se intentará disolver a las instituciones atacadas mediante la infiltración y la disminución de sus facultades; de igual forma, se podría incluso buscar la justificación para desaparecer la institución completa como tal. Esto se ve perfectamente hoy en día en México; particularmente, en cuanto a la revocación de mandato del presidente López Obrador. Primero, el Poder Legislativo ató de manos al INE mediante el presupuesto. Después, por la falta de presupuesto, el INE perdió la capacidad de realizar la revocación de mandato y se encontró la justificación para buscar desaparecerlo.

De igual modo, el populismo pone en riesgo la democracia por los mismos partidos que llegan al poder. Estos son casi siempre monolíticos internamente, están claramente subordinados al líder y son propensos a ser autoritarios internamente (Müller, 2016). Esto pone en riesgo a la democracia debido a que se observa una clara lealtad al líder, no al Estado, cuando debe ser al revés. Tomando en cuenta que el populismo busca secuestrar el aparato estatal mediante la infiltración de actores políticos relacionados al partido, se puede generar una estructura política de coerción que posteriormente coopere para destruir al organismo estatal haciéndolo ineficiente para realizar sus tareas. Este mantendría la fachada de que funciona para convencer a la población que no se encuentran en una transición al autoritarismo. Así mismo, esto podría causar que haya disputas y luchas por el poder dentro del Estado debido al descontento generado por la eliminación de la meritocracia. Para que las instituciones gubernamentales sean sanas, deben garantizar que el ascenso dentro de estas sea meritocráticamente. Cuando esto no sucede, se destruye la democracia.

Así mismo, los líderes populistas tienden a romper las reglas y restricciones del juego democrático, lo que causa que sus seguidores los copien (Galston, 2018). Esto genera un peligro importante para la seguridad individual, el orden social y la democracia. Los sucesos del 6 de enero del 2021 en el capitolio estadounidense son ejemplo de ello, los seguidores de los líderes populistas en muchas ocasiones están preparados para hacer lo que sea para que su líder gobierne. Esto puede poner en peligro al Estado democrático, en especial si se les ordena que se levanten en armas, lo que podría incitar a una revuelta importante. Además, genera violencia y discriminación entre las personas seguidoras del partido populista y sus opositores debido a que los líderes se caracterizan por realizar estas acciones. Esto ataca directamente a la concepción de equidad y a las reglas de convivencia pacíficas de la democracia.

Por otro lado, los populistas buscan que la población no participe continuamente en la política y cuando buscan su participación es para confirmar su legitimidad mediante la vía referéndum (Müller, 2016). Así mismo, buscan establecerse como la élite dominante del país; sin embargo, esto incide en una deformación de la democracia característica: los elitistas dicen saber lo que la sociedad necesita y rechazan su consentimiento para tomar decisiones. Irónicamente, la élite anterior al partido populista hacía lo mismo, lo cual llevó al surgimiento de partidos y movimientos populistas (Galston, 2018). Esto amenaza a la democracia debido a que elimina a la representación; prácticamente significa que algunos representantes harán lo que ellos crean conveniente. Esto es peligroso debido a que señala la intención de tomar decisiones arbitrarias y autoritarias, así como de establecer un fuerte dominio de la élite en el poder.

En conclusión, el populismo amenaza a la democracia debido a que atenta no solo contra sus bases, si no, contra sus contrapesos más simples como el voto de castigo. El populismo tiene la capacidad y la intención de desmoronar las democracias desde adentro, así como de hacer lo posible para legitimarse y mantenerse en el poder el mayor tiempo posible. Esta doctrina política es la más peligrosa para las democracias en la actualidad debido a la manera en la que se ha utilizado para ayudar a líderes autoritarios en su ascenso del poder. Así mismo, la polarización y los ataques a la sociedad civil son poderosas herramientas para desgastar no sólo el órgano político estatal, si no las bases sociales del Estado. De la misma manera, el populismo muestra que tiene una capacidad importante para infiltrarse dentro del sistema político y crear una fusión entre el Estado y el partido en cuestión. El populismo tiene una capacidad muy importante para derribar democracias; sin embargo, en diversas ocasiones pasa desapercibido como una doctrina política más, siendo que el uso exitoso de esta podría cambiar el curso de un Estado completo. Este es una muestra ejemplar de lo débiles que son las democracias, incluso las consolidadas. La democracia depende en gran parte de los contrapesos y sus instituciones, los cuales son su fortaleza principal. Irónicamente, estos son los más afectados por el populismo y, una vez que este ha hecho su camino, estas determinarán el futuro del Estado en cuestión: si perdurará o caerá ante el autoritarismo populista.

Bibliografía
Galston, W. G. (2018). Anti-Pluralism: The Populist Threat to Liberal Democracy. New Haven, Estados Unidos de América: Yale University Press. Pp 1-6, 33-40 y 126-136
Müller, J. W. M. (2016). What is Populism. Filadelfia, Estados Unidos de América: University of Pennsylvania Press.

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