El compadre Mendoza: Reflexión sobre una nueva estructura social

Anónimo

La revolución mexicana supuso el derrumbe del Estado porfirista y la creación de nuevas relaciones políticas y sociales. Durante el levantamiento armado convulsionó la estructura jerárquica de la sociedad y con ello surgieron otras formas de relacionarse entre los actores sociales, políticos y económicos. La adaptación cinematográfica por Fernando de Fuentes de El compadre Mendoza (de Fuentes 1933) aborda estos cambios y presenta una aproximación del conflicto armado desde el punto de vista civil, así como un bosquejo de la figura que se ha formado en el imaginario colectivo de los caudillos y líderes revolucionarios.

En el filme de Fernando de Fuentes (1933), Rosalío Mendoza representa a la nueva burguesía que ascendió en su posición social durante el conflicto armado de 1910–1920. Rosalío, debido a esta posición, logra mantener estrechas relaciones personales con coroneles, generales y líderes de los grupos en disputa, de modo que en su personaje encontramos representado el reacomodo de la estructura social, así como las nuevas relaciones de complicidad y beneficio mutuo entre líderes revolucionarios y la clase adinerada. Rosalío vende armas al ejército zapatista al tiempo que se codea de las fuerzas federales, y con el mismo cinismo hace colgar cuadros de Emiliano Zapata que de Victoriano Huerta: “¡Pues qué Viva Zapata, Don Rosalío!” (de Fuentes 1933), le decía su principal trabajador cuando tocaba recibir a zapatistas.

Esta representación de la nueva estructura social plantea una imagen no–idílica de la revolución mexicana. En palabras de Carl J. Mora, “the hacendado Mendoza, in his cynical manipulation of both sides, represents the newly emerging postrevolutionary bourgeoisie that replaced the Porfirian aristocracy but which in its principles differ little from the deposed elite” (Steve Garza 2010, 22). Ahora bien, como señala Felipe Ávila en Las Transformaciones sociales de la Revolución Mexicana, “el poder estaba cambiando de manos” (Ávila 2007, 94), y es por ello esperable que en el desorden revolucionario “las élites y sectores dominantes que lograron sobrevivir y ser menos afectados por la vorágine revolucionaria, lo hicieron aliándose y poniéndose al servicio de los nuevos dueños del poder y de las armas” (Ávila 2007, 96). Así pues, en cierto sentido, El compadre Mendoza muestra que incluso en las revoluciones sociales las contradicciones entre principios y práctica no están exentas; argumento para nada baladí si consideramos que a partir de estos procesos políticos se refundan los Estados y sistemas políticos.

Durante el periodo del conflicto armado que aborda la película (1914–1918–9) el Estado es débil y la autoridad no se encuentra completamente definida, por lo que es del todo factible que florezcan relaciones de complicidad entre el poder político y económico. A nadie ha de extrañar que con pocas y débiles instituciones se recurriera a viejas prácticas, y surjan águilas descalzas que terminan por aprovechar esas contradicciones de la revolución. Tampoco ha de extrañar, entonces, que al terminar la revolución veamos que “los generales triunfadores se adueñaron del poder político y pronto empezaron a utilizar el aparato estatal para desarrollar negocios y concesiones y para establecer alianzas con empresarios, banqueros e inversionistas a través de una estrecha red” (Ávila 2007, 101).

Así pues, si bien, el viejo Estado oligárquico porfirista fue resquebrajado, algunas viejas prácticas y la estructura de privilegios se renovaron. Arnaldo Córdova afirma precisamente que “la Revolución […] no fue más allá de los intereses de esas clases –medias–; las reformas se hicieron a costa de las antiguas clases, pero sin modificar, en lo fundamental, la estructura clasista de la sociedad, aunque se prometía barrer con los terratenientes y de hecho en muchos lugares se estaba haciendo. […] La desigualdad no desapareció, simplemente adquirió una nueva forma que de súbito se legitimó, por obra de las mismas reformas sociales” (Córdova 2003, 210).

Este orden social en construcción se retrata primero en la figura de Rosalío, pero también en las relaciones al interior de la hacienda, que permanecen incuestionables a lo largo del filme. Las relaciones patriarcales entre Rosalío y sus peones son tomadas por dadas a lo largo de la película; como si se encontrasen legitimadas o como si no hubiesen sido profundamente criticadas por el zapatismo que proponía con el Plan de Ayala una reforma agraria y la reestructuración de la propiedad y de la vida hacendada. “Usted bebe mezcal: ni Coñac ni puro” (de Fuentes 1933) dice Rosalío a sus peones, mientras convive con generales de la misma causa zapatista.

Ahora bien, esta visión no–idílica de la revolución se contrasta, por otro lado, con la figura de Felipe Nieto, líder zapatista y carismático idealista que combate en nombre del Plan de Ayala. El lugar que la cinta da a Nieto genera a su alrededor cierta imagen cultural que nos permite entender parte de las razones que hicieron del caudillo un referente político posrevolucionario, pues figuras como la de Felipe son ennoblecidas, con rostro humano, pulcro, paterno y arraigados a principios. Jorge Ibargüengoitia, en Instrucciones para vivir en México, expone que “Villa y Zapata perdieron la guerra y la vida, pero no completamente la revolución” (Ibargüengoitia 1990, 53); frente a las fuerzas carrancistas Felipe Nieto (personaje de la cinta) perdió la vida pero, frente al espectador, de todos los personajes era el único que en su agenda defendía un proyecto programático, era la figura de un líder zapatista idealizado frente a una imagen realista de las relaciones políticas que se gestaban en los comienzos del nuevo Estado mexicano.

Bibliografía

Ávila, Felipe. 2007 “Las transformaciones sociales de la Revolución Mexicana”, en México en tres momentos: 1810-1910-2010. Hacia la conmemoración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana. Retos y perspectivas. V.I., Mayer, Alicia (Coord.). México: UNAM-Instituto de Investigaciones Histórica

Córdova, Arnaldo. 2003. “La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen”, en Cap. IV. La asunción del Populismo, apartado: Reformismo y revolución, 194–214. México: Era (Colección Problemas de México)

de Fuentes, Fernando. 1933. “El Compadre Mendoza”. Filmoteca UNAM. Disponible en: https://culturaendirecto.unam.mx/video/el-compadre-mendoza/

Ibargüengoitia, Jorge. 1990. “Sesenta años de gloria: si Villa hubiera ganado…” en Instrucciones para vivir en México, 51–53. México: Editorial Joaquín Mortiz.

Steve Garza, Alex. 2010. “La naturaleza contradictoria de las películas hechas en México sobre la revolución mexicana”, B.A. diss. Texas A & M University.

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