¿La espiral del silencio o la espiral del cambio social?

Alicia Valentina Franco Boscan

Así como las opiniones tienen un contexto normativo, el lenguaje tiene un contexto connotativo. El término “la espiral del silencio” designado por Elisabeth Neumann-Noelle  no solo describe cómo la voluntad de expresar ciertas opiniones públicas varía según el contexto social y normativo, sino que también denota con negatividad la incapacidad de expresar esa opinión. Esto no gracias al estudio ni explicación de su autora, plenamente científico y empírico, sino a las interpretaciones victimizantes que le otorgan sus lectores a aquellas personas y opiniones “atrapadas en el silencio”.

Sin embargo, encuentro una similitud entre las estructuras de poder como las describe Foucault, necesarias para la relación y autoconceptualización propia, y el silencio de ciertas opiniones, también necesarias para el desarrollo de la misma opinión, y necesarias también para la crítica del sujeto de la opinión. Siempre van a existir opiniones predominantes o mayoritarias, que por su misma naturaleza generalizada son más aceptadas que las opinión minoritaria.

Esta opinión u opiniones más generalizadas y aceptadas siempre van a existir por la misma naturaleza “conforming” del humano. Como lo describe la misma Neumann-Noelle, haciendo referencia a Asch, desde la psicología social se ha demostrado, a través de experimentos muy controlados, cómo a pesar de que la información acusada por la mayoría sea evidentemente fácil, el individuo se conformará o se acotará a lo que esta sostenga.

Esto no implica necesariamente una “opresión” o “victimización”  de la opinión. Sino una tensión natural y esperable entre aquellas opiniones que son parte del statu quo, es decir son más fijas, comprendidas, expresadas y generalizadas que otras que en el momento se están formulando y están tal vez contradiciendo, cuestionando, o replanteando parte de la opinión generalizada. En muchos casos, estas críticas o disidencias, defiendo, son parte de “la evolución natural” de una opinión.

Por lo tanto, no solo quiero advertir sobre la connotación “victimizante” del término “espiral del silencio” si no que quiero defender la propia necesidad de que existan estas opiniones, que al inicio generen el sentimiento de “social skin”, tomen suficiente tiempo para formularse, y encuentren los espacios para compartirse. Sostengo que siempre existirán individuos con un “social skin” menos costoso que otros que estarán dispuestos a mostrarle a aquellos que estén en “una espiral del silencio” que su opinión o partes de su opinión no es tan minoritaria como pensaban.

Son esas mismas opiniones nuevas las que pueden que “parchen” ciertos huecos del argumento, o incluso las que permitan cierto cambio necesario en el objeto sobre el que se sostiene esta opinión. Son esas opiniones y las fugas del silencio que encuentren, las que moverán las tuercas del cambio social.

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